miércoles, 11 de marzo de 2009

La emperatriz de los fríos (the first witch III)


En el lugar más insólito de la faz de la tierra se hallan los reinos helados, donde habitan los fríos; antaño seres humanos, que aprendieron a vivir en los confines del mundo en unas condiciones extremas. Solo se alimentan de pescado y sopa, y apenas les queda sentido del tacto, su piel está siempre tan fría que hace mucho que dejaron de sentir el roce de las cosas.

Más allá de los valles neblinosos, de los lagos helados y de los campos nevados, en lo más alto y entre montañas se encuentra el castillo de hielo, donde habitaba Ziassia, la emperatriz de los fríos. Tan adorada como temida por los mismos, pues a la vez de hermosa y poderosa tenía siempre la misma expresión agonizante y apesadumbrada.

Ziassia era una chica joven y alta, su pelo rubio decolorado hacía que su translúcida tez se hiciese más pálida aún, y sus fríos ojos azules-grisáceos parecían clavarte mil puñales. Solía salir a pasear por los prados nevados envuelta en sus pieles de lobo, los fríos afirman que su preciada emperatriz lamentaba algo perdido o que perdería y por eso estaba siempre vagando sin rumbo.
Otros simplemente dicen que se encontraba desolada por no tener a nadie a su lado. Dicen también que tenía poderes, no tan grandiosos como los de los magos, pero tenerlos, los tenía.

Los fríos desconocían cual era el nombre de su señora, de modo que le llamaban Ziassia, la emperatriz de los fríos. Pero no por cualquier cosa, sino porque cuenta la leyenda que, antiguamente, reinaba en aquellos parajes una extraña mujer tan fría y blanca como la nieve y el hielo y ese era su nombre. De modo que le llamaron del mismo modo que su antigua emperatriz.

Una mañana, los fríos avistaron algo que no veían desde hacía años o incluso siglos; el sol había salido y sus rayos iluminaban la bella manta nevada.

Ziassia se asomó a su ventana y al ver lo que ocurría, se puso su vestido azul, se cepilló el pálido pelo y se envolvió en sus pieles lista para salir a la entrada del castillo.

En el horizonte, bajo los rayos del sol, apareció montado a caballo, un joven fornido de cabellos rojizos y desbaratados que le caían por los hombros. Vestía unas finas ropas de seda roja y transparente que dejaban a la vista una buena parte de su cuerpo.
El joven atravesó los campos y cruzo las pobres aldeas hasta llegar a las puertas del castillo donde le aguardaba ella.
El misterioso caballero desmontó y sonrió a la dama;

-Buenos días mi señora. Mi nombre es Fulgon, hijo del sol, y príncipe de las tierras de azufre, caballero de la legión ardiente.

-No sé de las tierras que se alejan de los páramos helados. ¿Cuál es la razón de tu visita?

El joven sonrió.

-Bien, permítame.
Fulgon alzó su mano y la entrelazó en la de ella con una delicadeza infinita, como si fuera de cristal y pudiera hacerse añicos en cualquier momento. Le acercó hacia sí y le sujetó la barbilla de modo que sus ojos se encontraran.

-He venido a deciros, que os amo Lunnaen, hija de la luna.

Ella abrió los ojos asombrada, hacía siglos que no oía su nombre, y ya lo tenía casi olvidado. Pero no articuló palabra alguna.

-Llevamos siglos predestinados a estar juntos, pero nunca nos hemos visto, pues uno reina en la noche y otro en el día, pero esto no es algo nuevo para vos, oh mi dama de luz. Llevais tanto tiempo escondida aquí…no podeis salir porque no sois bien recibida. Su estado es lamentable y su alma agoniza, pero aun no puede comenzar la marcha, no usted sola, por eso estoy aquí.

Lunnaen sonrió agradeciendo sus palabras. Juntos descendieron al sótano del castillo, donde se encontraba preparada la cripta. Se tumbó en ella, su respiración se dificultaba cada vez más… Y en su último aliento, él la besó.

En el exterior, el mundo contemplaba anonadado mirando como en el cielo inmenso, la luna y el sol, se unían en uno solo para formar el más bello eclipse jamás visto, justo antes de que la luna perdiese su plateada y luminosa luz, reemplazándola por unos reflejos grisáceos que indicaban que esa noche, ella, su hija, su alma, había muerto.

2 comentarios:

Rafa =) dijo...

hum, es raro...
no me imagino a Lunnaen como una mujer tan fria

rha dijo...

Nunca es facil ser bruja...
Se puede "estar" fría sin necesidad de serlo...de todos modos...hay muchos tipos de frio y de frialdad...eso creo